La discriminación como moneda de cambio
La emigración en Galicia es algo tan propio de nuestra historia como la cultura celta o la lucha irmandiña. Incluso debido a este fenómeno se ha llegado a decir aquello de “hay un galego na lúa”. Por eso a veces se hacen extrañas ciertas actitudes hostiles y discriminatorias contra las personas que llegan a nuestra tierra en busca de una mejor vida. ¿Es que tantos años de viajes, penurias y familias truncadas son tan fáciles de borrar? El portavoz del Foro Galego de Inmigración, Miguel Fernández llama a este olvido la “memoria selectiva” y añade que “los nuevos ricos siempre son los peores”.
El gallego ahora que vive bien, encontrándose en una época relativamente próspera para su país ya no quiere recordar aquellos lejanos y duros tiempos, cuando tenía que partir “a hacer las Américas” para no morirse de hambre. Tampoco se acuerda de lo difícil que es salir adelante en un país extranjero, muchas veces sólo y con tu familia en otro país o continente. Sólo sabe que eso es el pasado y que puede ser doloroso hurgar en las viejas heridas. Sí, los nuevos ricos son los peores.
“Tendríamos que ser equitativos. Simplemente se trata de ser recíprocos y solidarios. Hoy por ti, mañana por mi. ¿Por quién fuimos colonizados nosotros?”. Estas palabras pertenecen a José Fernández, el hombre que fue elegido presidente de COSIOR hace sólo dos semanas. Esta es la asociación de emigrantes ecuatorianos creada en 2006 en Santiago. Las siglas hacen referencia a las tres de las cuatro partes geográficas características de Ecuador: Costa Sierra y Oriente. “Los españoles no tienen en cuenta de donde provienen gran parte de sus riquezas, pero hay que recordar siempre a donde fueron a buscarlas”.
Diversidad, multiculturalismo, identidad cultural, educación intercultural, ciudadanía multicultual… Todos ellos son conceptos que irrumpen con fuerza en el panorama sociopolítico de los últimos tiempos; fuerza que pareciera indicar que estamos ante un fenómeno novedoso, reciente y, por lo tanto, desconocido. Y sin embargo la diversidad cultural acompaña al ser humano desde el inico de su historia. Lo novedoso, entonces, no es la diversidad cultual, sino su evidencia social y su manifestación histórica y la necesidad resultante de organizar la convivencia intercultural. Este es por tanto el gran reto, la gran dificultad: lograr la integración y convivencia harmónica entre culturas; y es aquí donde entra en juego la importancia de los movimientos sociales.
Para Miguel Fernández, responsable de Empleo e Inmigración de Cáritas de Santiago y Portavoz del Foro de Inmigración de Galicia, “integración” es un concepto muy amplio y complicado. Su meta se dibuja en un modelo de convivencia intercultural, “una comunidad donde habría diferentes personas de diferentes procedencias que conviven en igualdad de condiciones”.

Miguel Fernández, portavoz del Foro Galego de Inmigración
En sociología, se diferencian tres modelos teóricos en cuanto a la integración: la Asimilación, el Melting Pot y el Pluralismo Cultural. Como ya es sabido, la asimilación sería el proceso mediante el cual grupos migratorios adoptan las pautas culturales y los modos de vida de la sociedad general, renunciando con ello a sus propias características grupales originales; el Meltin Pot consistiría en el nacimiento de una nueva sociedad mediante la fusión de las culturas participantes en el proceso, y el pluralismo cultural propondría la existencia de la diversidad cultural como rasgo nuclear de las sociedades modernas (no coyuntural) bajo el principio del derecho de las minoría a su propia cultura, por un lado, y del enriquecimiento cultural como elemento beneficioso para todos, por otro. Este último modelo sería del defendido por el presidente del Foro Galego de Inmigración.
En cuanto a la “discriminación”, Miguel Fernández nos habla de dos tipos: la que pertenece a la esfera de lo público y la de la esfera de lo privado. La primera es la ejercida por las instituciones públicas, digamos la discriminación legal y burocrática. En este primer tipo de discriminación también se incluye a los medios de comunicación de masas. Luego estaría la “discriminación oculta” o privada, la más dura de todas. Aquella que en la mayoría de las veces no está penada por la ley, aquella que cometemos cada uno de nosotros de forma individual. Sin embargo, el portavoz del Foro Galego explica que la falta de integración no es sólo causa de la discriminación, sino que el problema es mucho más complejo. Por ejemplo, nos explica que los colectivos de inmigrantes “tienden a agruparse por procedencias lo que supone una cierta endogamia”.

José Fernández, presidente de la asociación de ecuatorianos de Santiago de Compostela COSIOR
Por su parte, el recién nombrado presidente de COSIOR, José Fernández afirma que la integración de los ecuatorianos con la sociedad gallega nunca será posible si primero no consiguen la unión entre ellos. “Si estamos separados entre nosotros, ¿cómo vamos a integrarnos?”. De esta forma, insiste que su principal objetivo como presidente será unir “ a todos lo hermanos del país para prosperar entre todos”.
Por otra parte, es importante resaltar que la reacción de la población gallega no es la misma ante todos los inmigrantes, sino que en numerosas ocasiones varía en función del país procedencia de estos. La primera diferencia se encuentra en el hecho de que sean personas procedentes de un país del Primer Mundo o del Tercero. Pero además, los gallegos también hacen distinciones entre los diferentes países pobres. En reglas generales, podemos afirmar que la población gallega es más condescendiente con las personas de origen latinoamericano que con las procedentes del continente africano. Prueba esta diferencia de trato la encontramos en las declaraciones de dos mujeres inmigrantes: Nayma, procedente de Marruecos y Carmen, una mujer paraguaya a la que la xenofobia no sacudió tanto como a su compañera africana.
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